A simple vista parecía un chico corriente, el típico chico de pueblo que jugaba a las peonzas, las canicas, el escondite o incluso con tirachinas, pero todo más lejos de la realidad que eso, de hecho le tenía un pánico terrible a los petardos y también huía aveces de los huesos de aceitunas que le disparaban con los boca-globos para mofarse de él. Fernan era un chico sociable pero vivía en su mundo, interiorizado en sus cosas. La música de U2 por ejemplo le encantaba y leer libros de fantasía o poemas casi más aún. Era un chico guapo, del que muchas chicas se sentirían atraídas: tenía el pelo rubio, la raya al lado (que es lo que predominaba por aquella época), ojos azules tirando a turquesa, una bonita sonrisa e incluso tenía porte, a pesar de caminar un poco desgarbado.
Fernan al igual que Victor era uno de mis mejores amigos. Muchos lo consideraban un poco rarito (y no me refiero precisamente a homosexual, sino que dada su forma de ser tan atípica y metido en su mundo de fantasías a menudo desencajaba con la realidad que vivíamos el resto de los chicos de por entonces). Pero gracias también a esa forma de ser tan propia desconocía en gran medida (quizá involuntariamente) lo que era sentir vergüenza y por tanto yo lo veía bastante lanzado para con la gente.
-¿Sabes Jose? Me gusta Gloria. No sé, pero me encanta su forma de ser. Es directa, lanzada, tiene las cosas claras y creo que tenemos muchas cosas en común. -Me dijo un día así sin venir a cuento-
Dichosa la hora en que Fernan me confesó tales sentimientos. O quizás dichosa la hora en que se los revelé a Victor, no sé cual de las dos cabecitas de chico adolescente llevó a la difícil situación que durante un tiempo viví con pánico.
-¿Gloria? ¿La que suele llevar los libros en esa mochila azul tan llamativa? ¿La hija de doña Pilar? -Le respondí yo a Fernan-
Precisamente esta fue una las complicaciones con las que se topó la mala elaboración de nuestro "proyecto de Celestina", pues doña Pilar no solo era una de nuestras profesoras (de lengua creo recordar) sino que para colmo de males era también la directora del Instituto.
-Sí, no hay muchas Glorias en nuestra clase. -Me respondió él- Y la mochila, yo la veo de lo más normal. A mi me encanta la gracia con la que la lleva.
No me extrañó en absoluto la respuesta, después de todo ella también tenía ciertas rarezas en su forma de actuar y comportarse (yo se lo achacaba al hecho de ser hija de una profesora y directora de colegio, pensaba que esa situación debería limitarla mucho en ciertos aspectos sociales, hoy día, reconozco que ese pensamiento era totalmente absurdo, simplemente que cuando somos pequeños vemos rarezas en muchos de los chavales/las que conocemos, o que quizás no llegamos a conocer a fondo).
Conforme pasaba el tiempo veía a Fernan cada vez más enamorado de Gloria. Dada nuestra amistad y sus gustos por la poesía de vez en cuando me enseñaba poemas que había escrito pensando en ella y para ella. Y fue entonces cuando yo empecé a pensar en la idea de buscar alguna medida para que él pudiese confesarle sus sentimientos y así poder comprobar si por el otro lado eran recíprocos.
-¿Sabes lo que deberías hacer? -Le comenté a Fernan- Deberías escribirle una carta donde le explicases todo lo que sientes por ella y que despierta en tí cuando la ves, cuando cruzáis palabras... y quien sabe, igual también le gustes tu a ella...
-¡Tu estas loco! -Me respondió- No sabría que ponerle, que decirle en la carta y peor aún: ¿y si no le gusto?, pensará que soy un imbécil.
Con el tiempo fuimos puliendo esa idea entre Fernan, Victor y yo. Llegamos por fin a la conclusión de que le escribiríamos entre los tres una carta secreta donde le revelaríamos los sentimientos que tenía Fernan hacia ella. No solo eso, sino que ideamos un método divertido para captar su atención y entusiasmo antes de enviarle a través de alguna amiga dicha carta.
No sé que nos impulsó a hacer lo que después hicimos. Aún hoy le doy vueltas en mi cabeza.
Quizás fue el entusiasmo de poder llegar a ver a nuestro amigo colmar sus deseos hacia esa persona. Quizás la ira o miedo a que fuese rechazado... Quizás las locuras y travesuras de la adolescencia. ¿Quien sabe?
Quizás fuese esa "Mochila azul"...
Continuará..
