miércoles, 4 de enero de 2012

La chica de la mochila azul (I)

A simple vista parecía un chico corriente, el típico chico de pueblo que jugaba a las peonzas, las canicas, el escondite o incluso con tirachinas, pero todo más lejos de la realidad que eso, de hecho le tenía un pánico terrible a los petardos y también huía aveces de los huesos de aceitunas que le disparaban con los boca-globos para mofarse de él. Fernan era un chico sociable pero vivía en su mundo, interiorizado en sus cosas. La música de U2 por ejemplo le encantaba y leer libros de fantasía o poemas casi más aún. Era un chico guapo, del que muchas chicas se sentirían atraídas: tenía el pelo rubio, la raya al lado (que es lo que predominaba por aquella época), ojos azules tirando a turquesa, una bonita sonrisa e incluso tenía porte, a pesar de caminar un poco desgarbado.

Fernan al igual que Victor era uno de mis mejores amigos. Muchos lo consideraban un poco rarito  (y no me refiero precisamente a homosexual, sino que dada su forma de ser tan atípica y metido en su mundo de fantasías a menudo desencajaba con la realidad que vivíamos el resto de los chicos de por entonces). Pero gracias también a esa forma de ser tan propia desconocía en gran medida (quizá involuntariamente) lo que era sentir vergüenza y por tanto yo lo veía bastante lanzado para con la gente.

-¿Sabes Jose? Me gusta Gloria. No sé, pero me encanta su forma de ser. Es directa, lanzada, tiene las cosas claras y creo que tenemos muchas cosas en común. -Me dijo un día así sin venir a cuento-

   Dichosa la hora en que Fernan me confesó tales sentimientos. O quizás dichosa la hora en que se los revelé a Victor, no sé cual de las dos cabecitas de chico adolescente llevó a la difícil situación que durante un tiempo viví con pánico.

-¿Gloria? ¿La que suele llevar los libros en esa mochila azul tan llamativa? ¿La hija de doña Pilar? -Le respondí yo a Fernan-

  Precisamente esta fue una las complicaciones con las que se topó la mala elaboración de nuestro "proyecto de Celestina", pues doña Pilar no solo era una de nuestras profesoras (de lengua creo recordar) sino que para colmo de males era también la directora del Instituto.

-Sí, no hay muchas Glorias en nuestra clase. -Me respondió él- Y la mochila, yo la veo de lo más normal. A mi me encanta la gracia con la que la lleva.

  No me extrañó en absoluto la respuesta, después de todo ella también tenía ciertas rarezas en su forma de actuar y comportarse (yo se lo achacaba al hecho de ser hija de una profesora y directora de colegio, pensaba que esa situación debería limitarla mucho en ciertos aspectos sociales, hoy día, reconozco que ese pensamiento era totalmente absurdo, simplemente que cuando somos pequeños vemos rarezas en muchos de los chavales/las que conocemos, o que quizás no llegamos a conocer a fondo).

Conforme pasaba el tiempo veía a Fernan cada vez más enamorado de Gloria. Dada nuestra amistad y sus gustos por la poesía de vez en cuando me enseñaba poemas que había escrito pensando en ella y para ella. Y fue entonces cuando yo empecé a pensar en la idea de buscar alguna medida para que él pudiese confesarle sus sentimientos y así poder comprobar si por el otro lado eran recíprocos.

-¿Sabes lo que deberías hacer? -Le comenté a Fernan- Deberías escribirle una carta donde le explicases todo lo que sientes por ella y que despierta en tí cuando la ves, cuando cruzáis palabras... y quien sabe, igual también le gustes tu a ella...

-¡Tu estas loco! -Me respondió- No sabría que ponerle, que decirle en la carta y peor aún: ¿y si no le gusto?, pensará que soy un imbécil.

Con el tiempo fuimos puliendo esa idea entre Fernan, Victor y yo. Llegamos por fin a la conclusión de que le escribiríamos entre  los tres una carta secreta donde le revelaríamos los sentimientos que tenía Fernan hacia ella. No solo eso, sino que ideamos un método divertido para captar su atención y entusiasmo antes de enviarle a través de alguna amiga dicha carta.

No sé que nos impulsó a hacer lo que después hicimos. Aún hoy le doy vueltas en mi cabeza.

Quizás fue el entusiasmo de poder llegar a ver a nuestro amigo colmar sus deseos hacia esa persona. Quizás la ira o miedo a que fuese rechazado... Quizás las locuras y travesuras de la adolescencia. ¿Quien sabe?

Quizás fuese esa "Mochila azul"...



                                                                                                               Continuará..

sábado, 3 de septiembre de 2011

El valor de la amistad


Allí estaba yo, sentado frente a la ventana, estudiando el título III de la ley 14/86, intentando encajar todas esas ideas que no asentaban en mi cabeza por que en el fondo las preocupaciones eran otras. No dejaba de darle vueltas a la situación en la que estaba, era como si me encontrase atrapado en el tiempo o quizás en el espacio, situaciones que parece que se salen de lo normal, de lo que una persona hubiese esperado de sí y su futuro.

Hasta el revolotear de una mosca me impedía concentrarme en los estudios, de hecho, más de una habían caído aplastadas por el peso de la ley, sí digo bien, de la ley, concretamente de la que yo por entonces llegué a llamar La Asesina. Pensaba: "si alguno de los padres de esta Carta Magna se enterasen de parte del uso que yo le daba seguro que me desterraban", pero es que un libro es un libro, no importa su tamaño o su contenido, en ese momento me servía como arma, para defenderme de la pesadez de esa dichosa mosca que no dejaba que me concentrase (cosa de críos, que iluso, como si fuese en realidad la mosca la culpable de mi falta de atención).

De pronto sonó el teléfono, mi madre me avisa:

-Es Javier, es para ti, anda ponte.

Como cada tarde Javier y yo quedábamos para salir un rato después de los estudios a pasear un poco y charlar de nuestras cosas. Otras veces íbamos en bicicleta. Pero generalmente subíamos por la carretera en dirección a Portugal, buscando ese paraje tan bonito que forman las estribaciones de la Sierra de San Pedro.

Nos apoyábamos uno en el otro (me refiero con nuestras conversaciones), ambos estábamos en situaciones complicadas por aquella época (la tasa de paro si no recuerdo mal era del 14%), Javier estaba terminando Farmacia y le quedaban 3 asignaturas y yo con FP terminado y sin expectativas de empleo en la rama del automóvil me preparaba oposiciones al Insalud.
Tener un amigo cerca con el que poder descargar tus temores, tus incertidumbres futuras y con el que emborracharte alguna que otra vez era toda una gran ventaja. No lo habría concebido de otra manera. Pero indudablemente todo tiene también su lado negativo, porque sí, quedábamos casi a diario para pasear (andando o en bici), charlar, reir, contar anécdotas… pero eso los primeros días era un desahogo pero cuando llevabas veinte ya apenas tenías conversación, y para colmo como cada uno servía de pañuelo de lágrimas (una forma de decirlo claro está) al otro, acabamos los dos quemados.

Quizás fuese la época que nos tocó vivir, quizás la política del gobierno de por entonces, quizás haber nacido en el seno de una familia obrera (en mi caso) o quizás que no hay que buscarle los “porque”.



   La vida se va escribiendo con lo que hacemos día a día, el futuro está por llegar.

sábado, 6 de agosto de 2011

Fuiste tú

   Ella nunca llegó a comprender el porqué de ese nick. Ni siquiera se molestó en averiguarlo. Estaba más preocupada en intentar aclarar sus propios problemas diarios, esas barreras que te va poniendo la vida o que una misma con sus propios actos va construyendo, que en llegar a profundizar sobre como era realmente él, Algedi.
   Quizá fuese él parte de sus problemas también, puede ser, pues cuando la vida no va tan encauzada como deseamos, guiada por esos raíles que nos llevarían al final del itinerario, la estación deseada, no alcanzamos a ver con claridad que viento está a nuestro favor o en nuestra contra.

   Solo algunos años después Algedi pudo llegar a sospecharlo. El amor es una fuerza tan poderosa que es capaz de cambiar el curso de tu vida, capaz de guiarte por senderos diferentes a los que podrías haber imaginado. Cuando esa magia desaparece, tu vida vuelve a su curso, como si se tratasen de vidas paralelas que circunstancialmente se juntan para decirte que tu eres el dueño de tu cuerpo pero no de tu corazón, y por supuesto no de todos tus actos. Fue entonces cuando él descubrió que aquello no tenía sentido, no merecía la pena seguir luchando por algo que hacia tiempo estaba muerto a pesar de que él no pudo o no quiso verlo.

   La respuesta estaba en el firmamento, en la constelación de Capricornio. Era como si las estrellas hubiesen marcado su destino, seguramente un vidente así lo hubiese señalado.
Deneb Algedi es la estrella más brillante de la constelación de Capricornio, pero él no la eligió por su intensidad lumínica, ni por su magnitud, simplemente por algo más terrenal, su cercanía a la cuarta estrella que más brilla en dicha constelación: "La Afortunada".
Pero eso ya daba igual, pues ella no había llegado a percibir este detalle, sus palabras fueron:
-Que nick más feo, parece árabe o algo parecido.
De nada hubiese servido que él le explicase que había buscado un nombre de una estrella cercana a la que su nick representaba, darle a entender que quería estar junto a ella, compartir toda la energía que tenía con la suya, con esa sonrisa que le hacia temblar todo su cuerpo, que le impedía articular las frases con cordura.

   Quizá la equivocación fue que él era una estrella de Acuario, no de Capricornio. Lo había intentado, durante mucho tiempo había luchado por brillar junto a ella, había puesto todo su empeño en luchar por hacerla feliz, por sacarle una sonrisa en momentos difíciles, por acercarse a ella a pesar de la distancia, por compartir su locura.



   Quizá  "Fuiste tú"