Ella nunca llegó a comprender el porqué de ese nick. Ni siquiera se molestó en averiguarlo. Estaba más preocupada en intentar aclarar sus propios problemas diarios, esas barreras que te va poniendo la vida o que una misma con sus propios actos va construyendo, que en llegar a profundizar sobre como era realmente él, Algedi.
Quizá fuese él parte de sus problemas también, puede ser, pues cuando la vida no va tan encauzada como deseamos, guiada por esos raíles que nos llevarían al final del itinerario, la estación deseada, no alcanzamos a ver con claridad que viento está a nuestro favor o en nuestra contra.
Solo algunos años después Algedi pudo llegar a sospecharlo. El amor es una fuerza tan poderosa que es capaz de cambiar el curso de tu vida, capaz de guiarte por senderos diferentes a los que podrías haber imaginado. Cuando esa magia desaparece, tu vida vuelve a su curso, como si se tratasen de vidas paralelas que circunstancialmente se juntan para decirte que tu eres el dueño de tu cuerpo pero no de tu corazón, y por supuesto no de todos tus actos. Fue entonces cuando él descubrió que aquello no tenía sentido, no merecía la pena seguir luchando por algo que hacia tiempo estaba muerto a pesar de que él no pudo o no quiso verlo.
La respuesta estaba en el firmamento, en la constelación de Capricornio. Era como si las estrellas hubiesen marcado su destino, seguramente un vidente así lo hubiese señalado.
Deneb Algedi es la estrella más brillante de la constelación de Capricornio, pero él no la eligió por su intensidad lumínica, ni por su magnitud, simplemente por algo más terrenal, su cercanía a la cuarta estrella que más brilla en dicha constelación: "La Afortunada".
Pero eso ya daba igual, pues ella no había llegado a percibir este detalle, sus palabras fueron:
-Que nick más feo, parece árabe o algo parecido.
De nada hubiese servido que él le explicase que había buscado un nombre de una estrella cercana a la que su nick representaba, darle a entender que quería estar junto a ella, compartir toda la energía que tenía con la suya, con esa sonrisa que le hacia temblar todo su cuerpo, que le impedía articular las frases con cordura.
Quizá la equivocación fue que él era una estrella de Acuario, no de Capricornio. Lo había intentado, durante mucho tiempo había luchado por brillar junto a ella, había puesto todo su empeño en luchar por hacerla feliz, por sacarle una sonrisa en momentos difíciles, por acercarse a ella a pesar de la distancia, por compartir su locura.
Quizá "Fuiste tú"
Triste y bonito a la vez...quizás quién no nos ve no es digno de tener semejante vista...
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